lunes, 20 de agosto de 2012

UNA SEÑORA CALABAZA./ CHRISTIE'S ENLOQUECE CON LA SAMBA.

TÍTULO. UNA SEÑORA CALABAZA:

Galo Tena Acedo no pensaba que su calabaza llegaría a tales dimensiones cuando comenzó a cultivarla. «Esperaba que fuera grande, pero .
Galo Tena Acedo no pensaba que su calabaza llegaría a tales dimensiones cuando comenzó a cultivarla. «Esperaba que fuera grande, pero no concebí que llegara a tanto», cuenta este agricultor de 68 años natural de la Valdelacalzada.
Galo, que también es camionero jubilado, se muestra orgulloso de su criatura, como cómplice que se considera de su gestación durante los últimos cuatro meses y medio. «Sembré algunas calabazas por capricho y no por necesidad», rememora.
La anormal calabaza pesa aproximadamente 110 kilos y tiene una sección máxima de un metro. Es el fruto de una misma semilla seleccionada durante tres generaciones, procedente de la empresa Viveros Morán de Puebla de la Calzada. Su cuidado, según Galo, ha sido muy sencillo. Solo ha sido necesaria abundante agua del pozo y estiércol de oveja, principalmente.
Las calabazas pesan por término medio unos tres kilos. Pertenece a la familia de las Cucurbitáceas, como el melón, la sandía y el pepino, así como por supuesto el calabacín.
La siembra de este producto no está demasiado extendida en Valdelacalzada, y por lo tanto no se comercializa. Las pocas que se cultivan son destinadas únicamente para el consumo propio.
Son contados los agricultores locales que por tradición aprovechan apenas un par de surcos de su parcela para productos de consumo familiar. En todo el término municipal del pueblo la superficie de cultivo de la calabaza no alcanza una hectárea. A nivel regional, los datos indican que hay 23 hectáreas dedicadas a su cultivo, con una producción que rondó las 600 toneladas en el año 2010. Su precio en el mercado se aproxima a un euro por kilo.
Dicen que la mala fama que arrastra la calabaza se debe a que en un principio solamente se aprovechaba de ella sus semillas. Quizás por eso, le ha perseguido siempre una mala reputación y su denominación siempre se ha rodeado de connotaciones negativas. Se podía dar calabazas en una relación de pareja o sacar calabazas en los exámenes.
Sin embargo, lo verdaderamente importante de este producto, es que su consumo reporta grandes beneficios para la salud.
Según saben los que las suelen utilizar, el uso y consumo de los diversos tipos de calabaza va desde el forrajero (servir de comida a los animales) hasta el repostero. Se utiliza para hacer cabello de ángel, además de guisos y embutidos.
Según especialistas en la materia, es conocida por su contenido en fibra natural, vitamina C, potasio y betacarotenos. También previene enfermedades como la arteriosclerosis, cáncer y problemas oculares, sobre todo las molestas cataratas.
Asimismo sus pepitas, secas o el líquido resultante de su cocción con agua, son beneficiosas para una buena actividad de la próstata.
Esta pieza en concreto servirá finalmente como motivo de adorno en el conocido restaurante El Portu, de la vecina Guadiana del Caudillo.
TÍTULO: CHRISTIE'S ENLOQUECE CON LA SAMBA.

Ha desbancado como sexta economía mundial a Reino Unido y tiene una población joven apabullante: más de 40 millones de personas entre ...foto.

La prestigiosa casa de subastas le echa el ojo a Brasil, una potencia cargada de energía positiva.

Ha desbancado como sexta economía mundial a Reino Unido y tiene una población joven apabullante: más de 40 millones de personas entre 15 y 24 años. Ya puede temblar el mundo, que la pujanza de Brasil no decae. Su tasa de paro ronda el 6% y, con una población de 190 millones de personas, dispone de 100 millones de trabajadores. Son cifras que invitan a mirar a este país con el rabillo del ojo y mucho respeto. Sobre todo porque avanza del brazo de China, su principal socio comercial desde 2009, por delante de EE UU. Normal que los matrimonios de conveniencia entre europeos y brasileños estén a la orden del día; todo sea por echar raíces en una tierra que se muestra cargada de energía positiva. Las desigualdades sociales brutales -una lacra en toda Latinoamérica- y la inseguridad ciudadana tampoco inhiben a los inversores.
Los directivos de la casa de subastas inglesa Christie's -la más antigua del mundo, nacida en 1766- ya han clavado una pica en el sudeste del país, donde se concentra el 75% de la riqueza nacional. Si han llegado tan boyantes hasta el siglo XXI será porque saben arrimarse al sol que más calienta. «Hemos apreciado un incremento importante de compradores en Sudamérica, principalmente en Brasil. Por eso tenemos previsto extender nuestras actividades allí», anunció hace unas semanas Steven Murphy, consejero delegado de Christie's en Londres. Eso sí, cuando se les inquiere directamente, se niegan a brindar datos concretos y mucho menos a dar los nombres de sus clientes.
No importa. Hay otras vías para obtener la información: según las estadísticas que maneja la agencia Artprice -número 1 a la hora de rastrear los intríngulis del mercado del arte-, se ha multiplicado por 22 el dinero que reportan las subastas de arte brasileño. Hace doce años se facturaron 4.647.653 euros a golpe de martillo y mano alzada, pero este año ya se han conseguido 89.595.705. Un salto que responde, por un lado, a la voracidad coleccionista de los nuevos magnates del país sudamericano; y, por otra, al interés que despierta la creatividad de una potencia que, de un tiempo a esta parte, no deja de deslumbrar en las galerías, museos y ferias internacionales.
El arte contemporáneo de Brasil, con Beatriz Milhaces y Adriana Varejao a la cabeza, «ha llegado a un punto de ebullición sin precedentes», admiten fuentes de Artprice. El dinero llama al dinero y, encima, todo el mundo aplaude y siente ganas de entonar el estribillo de la archifamosa samba 'Brazil', ese que dice «Ô Brazil do meu amor/ Terra de nosso Senhor/ Braziiiiil! Braziiiil!».
Ritmo y sueños de grandeza
No cabe duda de que se trata del miembro de los BRIC -con Rusia, India y China, las cuatro economías emergentes- que despierta más simpatía, y no solo por la música, el fútbol o el carnaval. Tiene un efecto estimulante y regenerador, no hace falta haber pisado el suelo carioca para notar su embrujo. Basta con escuchar las Bachianas de Villa-Lobos para admirar a un país donde las influencias portuguesas, italianas, españolas, japonesas, sirias y libanesas -además de africanas- han proporcionado una herencia de ritmos fogosos y sueños de grandeza. Es la única nación latinoamericana que, desde su independencia en 1822, nunca se ha arrimado a las grandes potencias. Va por libre. Tiene hechuras de continente -abarca el 50% de Sudamérica- y jamás se ha considerado menos que nadie.
Como ejemplo del carisma brasileño, sirvan los récords personales de Beatriz Milhazes y Adriana Varejao a lo largo de esta temporada en la sede londinense de Christie's. 'O Elefante Azul', de la primera, se vendió por 1.170.625 euros, y 'O Sonhador', de la segunda, alcanzó los 720.985. La primera se ha esforzado en pintar un elefante azul -o mejor dicho, el aura del paquidermo- y la segunda se interna en la mente de un soñador. No se meten en las alcantarillas del subconsciente ni muestran debilidad por el sadomaso. Su imaginación es limpia como una puesta de sol y se abren camino pisando fuerte. No les ha costado meterse en el bolsillo a los comisarios de museos de la categoría de la Tate Modern de Londres, del Pompidou de París o del MoMA de Nueva York.
Milhazes y Varejao nacieron en la década de los 60, no son expertas en agitar las maracas ni falta que les hace. Lo cual no significa que renieguen de su identidad. Ya pueden sentirse en casa lo mismo en Nueva York que en Milán, pero el pasado de su tierra les habla al oído. Ahí encuentran una fuente de inspiración permanente. A Varejao le apasionan los azulejos -y todo lo relacionado con la colonización portuguesa- y en el caso de Milhazes la influencia africana resulta evidente, no hay más que ver los círculos chillones que salpican sus lienzos.
«¡Cómo han cambiado las cosas! Hay un auténtico 'boom' y eso se nota también en la gente sencilla... Aquí, en Río de Janeiro, se va a abrir un nuevo museo de arte contemporáneo (MAR) y abrigamos muchas esperanzas. Hay verdadera afición. ¡Es increíble la cantidad de gente que va a los museos los sábados por la tarde!», exclama Cándida Sodré, representante de Christie's en Río de Janeiro. Una curiosidad: a este público le mueve la pasión por la creatividad de nuestro tiempo. Ni buscan jarrones chinos de la dinastía Ming ni miniaturas de los maestros flamencos.
Nuevos millonarios
La rabiosa actualidad les atrae más que el cubismo del mismísimo Picasso. «Es verdad que tienden a identificarse con los artistas. Buscan a personas de su generación», reflexiona Sodré. El pueblo brasileño se aferra al presente con entusiasmo. No importa que Europa tenga el corazón en un puño y sus zozobras puedan arrastrar también a China. En Brasil, se calcula que cada día entran 30 personas a quedarse en el club de los ricos y eso permite callar bocas. En el círculo de potentados todos disponen, como mínimo, de un millón de dólares (812.000 euros) en 'cash'. Liquidez contante y sonante para caprichos, como uno de los muchos cuadros de Beatriz Milhazes que suben como la espuma.
El informe anual sobre la riqueza mundial, que elabora la consultora Capgemini, confirma que el incremento del número de millonarios en Brasil se cifra en un 6,2% anual, el porcentaje más elevado del mundo. De 155.000 ricos se ha pasado a 165.000. Está claro que una potencia que lidera la exportación de carne de vacuno y pollo juega con ventaja en estos tiempos. Máxime cuando se dispone de toda China como mercado principal.
Muy probablemente la amistad con los empresarios asiáticos también les reportará alegrías en el ámbito artístico, ya que se prevé la apertura en China «de muchos museos que demandarán obras», creen los expertos de Artprice. Gilberto Chautebriand, el coleccionista más importante de Brasil, se frota las manos de alegría. Tiene 87 años y más de 7.000 piezas, la mayor parte cedidas al Museo de Arte Contemporáneo de Río de Janeiro. «Mi país no va a dormirse en los laureles», sentencia siempre que se le pregunta por Brasil. Estamos avisados.

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