domingo, 16 de junio de 2013

CARTA DE LA SEMANA Sobre orcas , tontos y sobre malvados./ NO TENGO NI IDEA DE LO QUE PASARA DESPUES DE MORIR, RUTH OZEKI ESCRITORA Y MONJA ZEN,EL CLUD DE LA COMEDIA.

TÍTULO:CARTA DE LA SEMANA, Sobre orcas , tontos y sobre malvados.

Sobre orcas, tontos y malvados


He dicho alguna vez que, en mi opinión, un tonto es mucho más peligroso que un malvado. Las consecuencias suelen ser peores, a la larga. Incluso a la corta. Y mientras al malvado, si es medianamente listo, se le puede convencer, incluso, de la utilidad de portarse bien, y hasta es posible obtener enseñanzas prácticas de sus maldades y consecuencias, el tonto ni se deja convencer, ni convence, ni hay nada en él de aprovechable, excepto la confirmación, una vez más, de la ilimitada capacidad de estupidez que caracteriza al género humano. Otra cosa es que, con el tiempo, a fuerza de tesón y ejercicio, el tonto acabe convirtiéndose objetivamente en malvado. Lo que también, gracias al fanatismo, se da con prodigiosa frecuencia. Pero eso ya es meternos en honduras psicológicas, e incluso filosóficas; y de lo que yo quiero hablar este domingo es de cetáceos. De orcas, en concreto. O, para ser más exactos, de una orca.
Se llama Kshamenk -que significa orca en lengua ona- y es la única que, hasta donde llegan mis noticias, vive en cautiverio en Sudamérica. Tenía cinco años de edad en 1992, cuando quedó varada en la costa patagónica. Se la rescató, y desde entonces vive en el acuario Mundo Marino de San Clemente, Argentina, donde es la estrella principal del espectáculo. Es una orca macho, creo. Ahora tiene 26 tacos de almanaque, pesa tres toneladas y media y mide seis metros de largo. He visto fotos y videos de la antedicha y parece feliz, dentro de lo que cabe. Una orca normal, de infantería. Se la ve juguetona, se lleva bien con sus cuidadores, no se come a los niños que se asoman al acuario, y simpatiza mucho con un delfín hembra llamado Floppy al que tiene por compañero de piscina y colega de piruetas.
Resumiendo, no es el ambiente que yo querría para una orca de mi familia, pero no es una mala forma de vida. Le faltan las inmensidades oceánicas y tal, ignora lo que es nadar entre hielos antárticos y tampoco tiene pareja a la que decir ábrete de aletas, corazón; pero a cambio vive como una reina. Come cada día sin tener que buscarse las lentejas, tiene especialistas pendientes de su estado de salud, y en la piscina climatizada está a salvo de los balleneros japoneses, o noruegos, o de donde sean. Suponiendo que esos hijos de puta cacen orcas, de lo que no estoy muy seguro.
Sin embargo, nuestra amiga la orca y su apacible vida doméstica han tropezado con gente de buenas intenciones. Con salvadores de orcas cautivas. A través de las redes sociales, un grupo de ecologistas exige su liberación. Devuélvanla al mar, dicen. Libérenla. Por supuesto, ha faltado tiempo para que los políticos argentinos metan mano en el conmovedor asunto. Una orca cautiva, y yo con estos pelos. Así que una diputada ha hecho suya la causa, exigiendo al Congreso que Kshamenk sea puesta en manos de las autoridades para su traslado al área marina protegida de Península Valdés -18 horas en camión y 6 si la llevan en avión- y su liberación mediante un «programa científico de rehabilitación y readaptación», que puesto en titulares de periódico suena chachi, pero cuyos detalles específicos nadie precisa. De poco ha servido que voces científicas alerten de la alta probabilidad de que la orca muera. No hay antecedentes de cetáceos, señalan, que tras vivir largo tiempo en un acuario hayan sobrevivido a un traslado semejante. Kshamenk, añaden, vive en un entorno amigable, al que lleva veinte años adaptada. Su salud y carácter son perfectos, muestra afecto por sus cuidadores y es la orca más sana y mejor cuidada del mundo. Llevarla a un lugar extraño, donde tendría que enfrentarse a situaciones desconocidas y hostiles, la alteraría gravemente. Poco importa que viviera cinco años en su hábitat natural antes de pasar al acuario. Tras dos décadas lejos del mar, no podrá alimentarse por sí misma, ni integrarse en una manada de orcas. Tampoco podrá acercarse a las hembras: ha perdido su adiestramiento en la lucha, y sería destrozada por los otros machos, acostumbrados a pelear entre ellos y mucho más agresivos. Etcétera.
Dudo que a estas alturas queden dudas respecto a las razones del párrafo inicial de este artículo. Por si acaso, permítanme una cita de un tal Roberto Buvas, activista argentino que encabeza la campaña por la liberación de Kshamenk: «Si muriera, para mí sería igual un éxito. La liberación sería un mensaje conceptual y filosófico para todo el mundo. Para decir que los animales no tienen que vivir en cautiverio».
Sobre orcas, como íbamos diciendo. Sobre tontos y sobre malvados.

TÍTULO: NO TENGO NI IDEA DE LO QUE PASARA DESPUES DE MORIR, RUTH OZEKI ESCRITORA Y MONJA ZEN,EL CLUD DE LA COMEDIA,.
«No tengo ni idea de lo que pasará después de morir» 
«No tengo ni idea de lo que pasará después de morir»
 
Acaba de pasar por Madrid y ha visitado El Prado, el museo donde se enamoró a los doce años... Eso fue hace mucho tiempo. Hoy Ruth Ozeki ...
 
Acaba de pasar por Madrid y ha visitado El Prado, el museo donde se enamoró a los doce años... Eso fue hace mucho tiempo. Hoy Ruth Ozeki, nacida en Connecticut y residente en Vancouver, hija de estadounidense y japonesa, es a sus 57 años escritora, cineasta y monja budista zen. Su última novela se titula 'El efecto del aleteo de una mariposa en Japón'.
- Empezó su libro cinco años antes del tsunami japonés. ¿Tuvo una premonición?
- Nada de eso. Lo reescribí varias veces y justo lo había casi acabado cuando ocurrió lo del tsunami. Viendo aquella devastación comprendí que el libro que había escrito era irrelevante. Así que lo volví a empezar.
- ¿Ha notado el tsunami económico que vive España?
- Me he quedado sorprendida porque, al menos en la superficie, no veo la crisis que me ha contado la BBC. Cuando Japón entró en recesión vi a gente viviendo en tiendas en el parque.
- El suicidio es parte de la cultura japonesa y también aparece en su libro. ¿Le preocupa?
- Debería preocuparme, por la cantidad de escritoras que se han suicidado a lo largo de la historia, je, je... Durante la recesión japonesa leí muchas noticias sobre adolescentes que sufrían 'bulling' y se suicidaban.
- Creo que usted también lo sufrió de niña.
- De baja intensidad. Fue en segundo grado y unos niños me pegaron en el baño de la escuela. No como para suicidarme.
- ¿Por qué se acercó a la filosofía zen?
- Mi primer recuerdo sobre el zen se remonta a cuando tenía solo tres años y vi a mis abuelos meditando, pero no me lo tomé en serio hasta mediados de los noventa, cuando mi padre estaba a punto de morir. En Japón dicen que una persona nace sintoísta, se casa como cristiana (por los vestidos bonitos) y muere budista.
- ¿Será que el budismo contesta más preguntas?
- Exacto. El budismo es muy bueno para aprender a gestionar el sufrimiento y la muerte. La meditación, si la practicas regularmente, te enseña a tener aceptación de quién eres como ser humano.
- Y usted se lo tomó tan en serio que ahora es monja zen.
- Fui ordenada en 2010 y todavía necesito mucho entrenamiento. Eso incluye vivir unos meses en un monasterio.
- ¿Sabe que aquí un falso monje shaolín está acusado de asesinar y torturar a dos mujeres?
- ¡Qué horror! La crueldad y el asesinato son incompatibles con el zen. Pero bajo el paraguas de las religiones se han perpetrado muchos escándalos sexuales. Esa es una de las razones por las que quise ser ordenada. Cuantas más mujeres ocupen esas jerarquías menos abusos habrá. - ¿Qué opina de las escuchas de Obama?
- Me enfadan pero no me sorprenden. Siempre asumí que eso pasaría. Porque la tecnología lo permite y porque eso es lo que hacen los gobiernos: usar su poder para controlar. Y creo que esta es solo la punta del iceberg.
- ¿Le gusta su presidente?
- Jamás pensé que un día votaría por un presidente que de verdad me gustara. Y eso me ha ocurrido con Obama. Pero tengo críticas hacia él y sé que tiene muchas limitaciones.
- ¿Cree en la reencarnación?
- Ni creo ni dejo de creer. No tengo la menor idea de lo que va a pasar después. Pero le aseguro que si existe un más allá intentaré hallar la forma de hacerle llegar un mensaje.

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